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lunes, 31 de enero de 2011

ALERTA ¡¡Drogas!!

Los estudios sobre drogas señalan tres grandes grupos de factores que intervienen en el consumo o en la prevención: factores personales, sociales y familiares.

La familia centrándonos en el último grupo es un agente clave en la prevención de conductas de riesgo ya que en ella, como ámbito natural de socialización primaria de la persona, se desarrollan los comportamientos, actitudes y valores básicos que el individuo perfeccionará a lo largo de su existencia.

La experiencia muestra que las interacciones que se producen entre los miembros de una familia acaban repercutiendo en su funcionamiento general. ¿Pero cómo puede influir la familia en conductas de consumo de drogas de sus miembros adolescentes?

La percepción de su invulnerabilidad, característica del adolescente, puede inducirle a probar sustancias peligrosas en un estado anímico de aparente control o de ausencia de problemas. Factores de riesgo en las familias Los estudios sobre factores de riesgo asociados al consumo, señalan los siguientes factores relacionados con la familia.

Sobreprotección: Exceso de protección por la angustia que sienten los padres ante unos hijos cada vez más autónomos. Ésta produce en el adolescente poca autonomía, irresponsabilidad, escaso sentido crítico y dificultad para tomar decisiones ya que en todo momento va a necesitar la aprobación, deseada o no, de sus progenitores. Un adolescente que acaba asumiendo las consecuencias de esta sobreprotección comprenderá que él, como individuo, debe ser objeto de aprobación en toda relación y tratará de cumplir expectativas aunque no tengan nada que ver con su escala de valores.

Falta de comunicación: El problema aparece cuando el adolescente, por su lado, y los adultos, por el suyo, perciben que se mueven en mundos totalmente incomprensibles para el otro. Entonces los padres tienden a establecer un paralelismo continuo entre sus experiencias y las que no acaban de entender en su hijo. La situación genera introversión, inseguridad y ansiedad en el joven puesto que percibe que su mundo emocional es cuestionado constantemente.

Dificultad para fijar límites: La permisividad o rigidez de los adultos son igualmente dañinos para el adolescente y aún más nociva será la oscilación entre ambos sin un motivo definido. La permisividad acarrea dificultades para interiorizar normas. La rigidez genera falta de flexibilidad en el cumplimiento de las normas o una tendencia a la transgresión de las mismas. La oscilación entre ambos extremos expone al adolescente a una situación de indefensión, en la que no sabe qué es lo que se espera de él.

Situación familiar conflictiva: La relación conflictiva entre los padres produce cambios bruscos de comportamiento e incremento de la ansiedad en los hijos. Aunque el proceso evolutivo del adolescente le lleva a diferenciarse de su familia, ésta sigue siendo -aun por contraposición- la referencia central en su proceso de maduración.

Sobreexigencia: Exceso de expectativas sobre el adolescente. El afán de que los hijos obtengan éxito y logren las mejores oportunidades puede ocultar a los padres las verdaderas capacidades, necesidades y deseos de sus hijos. Y, en consecuencia, quizá estos pueden llegar a sentirse infravalorados.

La sobreexigencia favorece la falta de motivación y añade dificultades para aceptar los fracasos. Todos estos factores se correlacionan con el consumo de droga pero no lo implican necesariamente. No puede negarse la influencia de los factores de riesgo en el entorno familiar, pero no son los únicos, estos confluyen con otros factores individuales y sociales en el inicio y mantenimiento de las conductas de consumo.

¿Cómo proteger dentro de la familia?

No existen fórmulas magistrales para evitar el consumo de sustancias en los hijos adolescentes. Cada adolescente es diferente. Nada arreglará que hablemos de las drogas con nuestros hijos si antes no hubo un acercamiento sincero a su mundo emocional y el deseo de hacerles notar que pueden contar con nosotros cuando lo deseen y necesiten.

En todo caso siempre podemos reconocer el mayor número de los factores de riesgo en nuestro ámbito familiar y transformarlos en factores de protección:

Protección orientada a la autonomía. Estar pendientes para evitar riesgos innecesarios pero pretendiendo que sean ellos los que vayan formando sus propios criterios. Se trata de que nuestro hijo tenga una autoestima alta y equilibrada que le permita desenvolverse sin lanzarse a riesgos innecesarios.

Comunicación. Escuchar desde las necesidades de los adolescentes. Intentar no juzgarles e invitarles a la reflexión. Establecer límites claros y estables. Ayudarles a ser autónomos no implica permitir que hagan lo que quieran. Los límites producen, entre otras cosas, seguridad.

Coherencia. No podemos pretender que nuestros hijos no consuman sustancias tóxicas si nosotros no somos capaces de no excedernos o de mantener una posición sin ambigüedades al respecto. Los adultos quizá seamos capaces de buscar el equilibrio pero no olvidemos que la adolescencia es una etapa de extremos.

Exigencia. No se trata de pedirles lo imposible, pero tampoco de permitirles desaprovechar sus capacidades e ilusiones.

La información sobre la peligrosidad de las drogas no es suficiente y en ocasiones resulta ineficaz. La labor de los padres ha de estar orientada a establecer vínculos familiares sanos, a ocuparse y no "preocuparse" del ocio de sus hijos e incrementar la autoestima de los adolescentes para que sean ellos, desde su propia seguridad, los que puedan decir: "no".

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¿Soy exitoso?

Es muy satisfactorio ver que los hijos triunfan en sus estudios. Por eso muchos de nuestros esfuerzos como padres están encaminados a lograrlo. Sin embargo, si bien es maravilloso que los hijos se destaquen académicamente, es peligroso caer en el error de que el reconocimiento público de sus éxitos se convierta en el objetivo primordial de lo que hacemos.

Pero más peligroso aún es que los padres vivamos sus victorias como una credencial de nuestra idoneidad como tales o como una forma de sobresalir a través de sus logros. Y en esta forma nos sea difícil distinguir si lo que ambicionamos es para beneficio de nuestros hijos o para beneficio de nuestros egos.

La educación académica de los hijos parece que no ha escapado a la influencia de la búsqueda desaforada de la fama que caracteriza una cultura centrada en el éxito como valor supremo (entendido en términos de destacarse más que los demás). El "exitismo" ha dado lugar a que el objetivo de todo lo que se haga sea para ocupar un lugar sobresaliente o lograr la glorificación de nuestro nombre. Así, no es raro que ahora se le dé más importancia al status académico y social de los colegios que a la formación de sus alumnos, y que las calificaciones nos sirvan ante todo para comparar la posición que nuestros hijos ocupan respecto a sus compañeros.

Sin embargo, hoy día los hijos ya no se destacarán por lo que sepan ni por lo que ganen, sino por lo que hagan con lo que saben y tienen. Nuestros hijos tendrán más éxito en su vida si nos proponemos a despertar en ellos el entusiasmo por saber para servir, y si los animamos a dejar de ser receptores pasivos de información o espectadores indiferentes de los problemas para convertirse en protagonistas de los cambios que tanto necesitamos.

Lo importante será entonces ofrecerles una educación que los humanice y libere porque les ofrezca nuevos ojos para descubrir el mundo y nuevas armas para construir una existencia plena, ayudándolos a ver todo lo que con sus conocimientos pueden realizar. En esta forma se favorecerá la formación de hombres y mujeres más capaces de desarrollar su potencial para contribuir activamente a la construcción de un mundo mejor.

El éxito no es un destino, es un camino. Lograremos más si nos centramos en alcanzar él éxito como padres en lugar del de nuestros hijos como estudiantes. Triunfamos como tales cuando respetamos la dignidad de nuestros hijos y los animamos a desarrollar sus talentos y alcanzar sus sueños a pesar de que no coincidan con los nuestros; cuando conseguimos que su vida se rija por el deseo de ser mejores personas y no por el ansia de obtener más honores; cuando tienen claro que su victoria no depende del alcance de su fama ni de el monto de sus bienes, sino de la magnitud de sus aportes. Y cuando nos dedicamos a cultivar en ellos las virtudes que enriquecen su vida porque se ocupan de contribuir en lugar de preocuparse ante todo por sobresalir.

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Iniciativas para profesionalizar y redescubrir el valor del espacio doméstico.


Gestionar hogares inteligentes

Después de una larga jornada laboral, un disgusto o un éxito, llegar a casa es un deseo común. Pero la casa del siglo XXI ya poco tiene que ver con aquel "dulce hogar" de nuestros abuelos. Sacar un hogar adelante requiere invertir tiempo e inteligencia. Por eso surgen iniciativas para reaprender a gestionar el espacio doméstico y profesionalizar –adaptándolas a las necesidades actuales– tradiciones y tareas.

Cuando en 1958, durante lo que se llamó el "gran salto adelante", Mao y el partido comunista chino crearon 2,6 millones de comedores comunales, no podían imaginar que esta medida provocaría una hambruna que iba a ocasionar casi 60 millones de muertes. A pesar de la cantidad de comida disponible, el aumento del consumo, el despilfarro y la mala gestión de los alimentos sobrantes fueron la causa de un rápido agotamiento de los alimentos. "En seis meses, la eliminación de las comidas familiares precipitó una hambruna que duró hasta que fueron reinstauradas", asegura Sofía Aguirre, profesora de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Católica de América. Aunque también otras causas contribuyeron a la catástrofe, "las comidas familiares desempeñaron un papel crucial en el comienzo y en el final de la hambruna".

Una iniciativa en este mismo campo, aunque esta vez a la inversa, es la que la Fundación Nginn Karet realiza en la actualidad en Camboya, para la recuperación de habilidades domésticas y la regeneración de aldeas rurales arrasadas por los Jemeres Rojos. Con la ayuda de esta fundación, los habitantes de algunas zonas rurales han reaprendido a sembrar, cocinar, alimentar a los hijos y cuidar el ganado, y poco a poco el nivel de muchas pequeñas poblaciones se está regenerando.

Repercusión de los hábitos alimentarios

La ruptura del hogar no es, por tanto, un fenómeno exclusivamente occidental. Los problemas educativos derivados de las largas horas de ausencia de padres y madres en el hogar; la creciente obesidad infantil por una inadecuada alimentación y otros problemas de socialización y comunicación hacen inaplazable la búsqueda de soluciones. Pero mientras gobiernos y empresas siguen avanzando en la lenta negociación sobre la flexibilización de horarios, ¿por dónde empezar?

Una reciente investigación de la Universidad de Paderborn(1) afirma que un elemento catalizador de estos cambios, al menos en Alemania, está siendo los propios jóvenes. En sus conclusiones, presentadas recientemente en el congreso "Excellence in the Home", (Londres, 8-9 de mayo de 2006)(2), se asegura que "los jóvenes ven las comidas familiares como un espacio significativo para la conversación" y que, en consecuencia, "la participación en ellas cada vez adquiere mayor importancia".

Apoyándose en esta realidad, la autora del estudio, Kirsten Schlengel-Matthies, profesora de la Facultad de Ciencias Naturales, se ha embarcado en un plan –Proyecto Revis– para reformar la educación sobre nutrición y consumo que se imparte en las escuelas. "No se trata de enseñarles solo cómo alimentarse de una manera sana, con información sobre la cantidad de comida que necesitan y quizá algún dato económico o ecológico, sino de hacerles reflexionar sobre los hábitos alimentarios", afirma. En su opinión, hacen falta profesores "que tengan sensibilidad hacia los problemas que se relacionan con la comida, y muestren a sus alumnos cómo el modo de comer incide en la vida familiar, para que aprendan a organizarse y a adquirir responsabilidades sobre ellos mismos y sobre otros".

Programas escolares

En el fondo de la investigación de la Universidad de Paderborn subyace una cuestión básica: el papel tradicional de la mujer en la alimentación, que tenía un marcado significado para la vida familiar y era importante para la comunicación y la socialización de los hijos, no puede mantenerse ya de un modo generalizado por la mayoría de las familias. Lo que era aplicable hasta el siglo XX –tres comidas en familia– ya no lo es ahora. La oferta y la demanda de alimentos ha variado de manera radical; también la tecnología disponible para su preparación –las cocinas parecen talleres, dotados de modernos electrodomésticos, y la casa comienza a gestionarse cada vez más de un modo científico– y, lo que es más importante, el tiempo –el dato esencial– resulta un bien cada vez más escaso en generaciones de mujeres incorporadas al mercado de trabajo.

La enseñanza escolar sobre hábitos alimentarios saludables y sobre su repercusión en los estilos de vida no es algo propio de Alemania. La alarma sobre la obesidad infantil hizo implantar esta materia hace ya algunos años, en el marco del área de Diseño y Tecnología, también en Gran Bretaña. Allí, el 15 por ciento de los adolescentes de quince años y el 8,5 por ciento de los niños de entre seis y doce se consideran clínicamente obesos.

Por ese motivo, desde 1998 se está llevando a cabo un programa de educación escolar –"Focus on Food Campaign"– como apoyo a las clases que reciben los alumnos de primaria y secundaria. La iniciativa tiene su parte divertida, ya que las prácticas se dan en autobuses diseñados a propósito, que disponen de cuatro cocinas perfectamente equipadas y un pequeño comedor. "La educación en la comida es importante y a veces no se recibe en casa. Con estos autobuses se pretende dar ideas básicas sobre cocina, alimentación, comida saludable e higiene de los alimentos. Aquí lo pasan bien y, además, si aprenden a cocinar, a sentarse juntos a la mesa, a usar los cubiertos, es posible que lo practiquen en el futuro", asegura Anita Cormarc, directora del programa.

Potenciar la comida familiar

El peso de la familia y, más en concreto, de las comidas familiares en el desarrollo económico sostenible de un país es otro factor positivo a favor de la recuperación del valor del hogar. A partir de un estudio reciente del National Center on Addiction and Substance Abuse de Estados Unidos, Sofía Aguirre concluye que "existe una relación estrecha entre las comidas familiares y la producción de capital humano, social y moral". "Los datos empíricos avalan que las comidas familiares frecuentes fortalecen las relaciones familiares, aumentan los resultados académicos y ayudan a prevenir el consumo de drogas(3)".

Sin embargo, Aguirre no cree que la educación resuelva por sí sola la ausencia de comidas familiares y su consecuencia sobre el capital humano de un país. "En esos encuentros diarios hay una relación interpersonal que no puede pedirse prestada ni educarse", asegura; "tampoco pienso que un gobierno o unas instituciones intermedias puedan sustituir el contexto familiar; muchos de los problemas que hoy en día se les plantean a los jueces, políticos o profesores se resolverían más bien por la propia familia en el cuarto de estar, el comedor o la cocina de un hogar".

Potenciar y fortalecer la comida familiar se considera un buen elemento en el conjunto de medidas dirigidas a reforzar la estructura de la familia, aunque según esta profesora de Economía y Negocios, esto no será posible sin un cambio de enfoque: "Por ejemplo, en cualquier medida de flexibilidad laboral que se proponga, la familia debe contemplarse como una unidad y atender a sus necesidades de manera conjunta; largos horarios de trabajo para los padres y cortos horarios escolares, combinados con una miríada de actividades extraescolares para los hijos no resuelven nada… En el hogar, el tiempo es un elemento importante para todos y el ahorro en el transporte debería ser una prioridad".

También la distribución de ese tiempo debe considerarse, ya que, generalmente, "la mujer tiene la responsabilidad principal en la ejecución de las tareas domésticas, especialmente en el área de compra y preparación de la comida, incluso cuando trabaja fuera de casa". En su opinión, "no es accidental que las mujeres que trabajan fuera del hogar tengan un nivel de estrés muy grande". Todo esto repercute en la productividad laboral, y las empresas están preocupadas. El modelo de organización en el que el padre trabaja a tiempo completo y la madre a tiempo parcial, ya no funciona. "La mujer no ha dejado de ocuparse de la casa, aunque no cocine, y esto hay que tenerlo en cuenta y reconocer las distintas formas de hacer en el marco laboral, poniéndolas en el contexto de la familia, para buscar soluciones, porque la dinámica ha cambiado", afirma Sofía Aguirre.

Profesionalizar el hogar

Mary Hunt, presidenta de Home Advantage Plus(4), descubrió hace unos años la existencia de una paradoja en muchas familias: "cada vez hay menos tiempo y dedicación al hogar y simultáneamente existe un mayor interés por mejorar y conciliar el ámbito doméstico y laboral, como puede comprobarse en programas de televisión y en la abundancia de publicaciones sobre la casa y la alimentación".

Su empresa, fundada en Estados Unidos, parte de una realidad: el 70 por ciento de los matrimonios trabajan y muchas de las actuales generaciones no han recibido ningún tipo de experiencia doméstica en la familia. Desde Home Advantage Plus ofrece cursos a empresas y otros colectivos con el fin de que los participantes extiendan sus técnicas y habilidades profesionales al ámbito del hogar. "Toda la estrategia se apoya en que el trabajo de una casa es cíclico y, por lo tanto, se puede planificar, delegar, organizar, dirigir y controlar. Aprender a profesionalizarlo reduce el estrés y los resultados benéficos sobre la salud inciden en la productividad de cada persona en su puesto de trabajo", afirma.

Hunt ha comprobado el interés de muchas empresas por ofrecer cursos de ese estilo a los empleados e incluso ha encontrado varias que gratifican con incentivos a los que siguen los cursos, especialmente si su relación laboral es de teletrabajo y desempeñan sus funciones desde el propio domicilio. La mayoría de los asistentes son mujeres, pero también hay hombres –alrededor de un 20 por ciento del total– que quieren aprender y contribuir a que la vida familiar sea más grata.

La necesidad de ejercitarse en estos trabajos también es patente en otros ámbitos culturales. "En Gran Bretaña hay ya dos generaciones de padres que no los han aprendido en sus casas, con lo cual la solución es que los padres se preparen para hacer esas tareas con sentido profesional", asegura Maria Pia Chirinos, profesora de la Facultad de Filosofía de la Universidad de la Santa Cruz y autora del libro "Claves para una antropología del trabajo"(5).

En su opinión, "para tener una vida equilibrada hay que tomarse en serio que todos estos trabajos pueden llegar a ser una auténtica profesión. El mensaje está muy arraigado en el mundo anglosajón, por eso es más frecuente encontrar estudios en el ámbito superior o universitario en Nueva Zelanda, Australia o Estados Unidos". Chirinos señala que también existen estudios a nivel técnico profesional, "para la parte práctica, que es muy importante y a veces puede aparecer como monótona, aunque justamente lo artístico empieza por medio del ejercicio y de la repetición. Con estos estudios se intenta transmitir el sentido profesional y artístico de estos trabajos, para crear hogares satisfactorios para sus propios miembros y que estimulen su responsabilidad personal".

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La familia y la violencia

Hablando con mi hijo sobre la Violencia

“A mi no ve va a pasar”, suele ser lo que se dice sobre muchas situaciones relacionadas con la violencia. Y es que nadie quiere sufrir de la violencia, ser violento ni que sus hijos adolescentes sean violentos. Bien lo dice el significado que se puede encontrar en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “la violencia es la acción contra el natural modo de proceder”. La palabra violencia procede del latín violentia, que significa hacer las cosas por la fuerza.

La violencia provoca violencia. Incluso quien es víctima de violencia en otras circunstancias es victimario: él mismo es violento. Quien realiza actos violentos suele hacerlo motivado principalmente por su afectividad: emociones como pueden ser los celos, la envidia, el enojo o el rencor toman por asalto a la persona y la llevan a una espiral de violencia. La violencia refleja desamor. De la indiferencia, los celos, la envidia y la falta de perdón se llega al odio que tiene su manifestación en la violencia. En muchas ocasiones la violencia ocurre por el uso de drogas, por la ingesta inadecuada de alcohol y por otras faltas de equilibrio en la propia vida. La violencia no suele venir sola y la persona violenta quiere decir algo más.

La violencia puede ser una salida fácil, pero es una salida falsa para quien se siente aislado, acorralado, atemorizado o indefenso. Curiosamente, el violento se siente muchas veces víctima, está triste, no se siente querido. Cuando tiene oportunidad de defenderse o de hacerse justicia él mismo, lo hace con agresividad y violencia.

La violencia en el entorno y en los medios de comunicación

¡Parece que está de moda la violencia! Esto es un disparate pero es parcialmente cierto. En el entorno suele haber muchos ejemplos de violencia: la violencia en las ciudades es tema de conversación frecuente, la inseguridad para los ciudadanos ha aumentado por múltiples causas que no analizaremos en este artículo; en la televisión ha aumentado el uso de la violencia en programas de todo tipo incluidos los noticieros, las caricaturas y los anuncios publicitarios. ¡Está en todas partes! Casi podríamos decir que la cultura que los medios de comunicación sensacionalistas quieren promover está inmersa en individualismo y violencia. De cada uno de nosotros depende el no actuar así, el rechazarla, pero no cabe duda que estamos expuestos a esos mensajes que nos bombardean muchas veces cada día, y a nuestros hijos también.

Ante esta cantidad de mensajes repetitivos que muestran violencia, es importante que todos los miembros de la familia platiquen sobre los contenidos de los medios de comunicación, que sepan que no son neutros sino que tienen siempre un efecto en cada uno de nosotros y tratar de que cada uno pueda ser crítico sobre lo que vio o escuchó para que sea más consciente de lo que quiere que una película, un programa o una escena o imagen le deje como aprendizaje o como elemento a incorporar a su personalidad. Cada uno decide si enriquece o no su personalidad y con qué valores la enriquecerá y la formará.

Prevención: contraatacando la violencia desde la familia

Por otra parte, algunos han perdido la preocupación por las consecuencias del propio actuar. Sin embargo, la realidad nos muestra claramente que todo lo que hacemos tiene unas consecuencias. La familia es el lugar ideal para que desde chicos se aprenda esta lección que es de gran utilidad a lo largo de la vida.

Cuando se pierde el cariño, el respeto, la consideración y la comprensión hacia el otro entra la tristeza y se deja el terreno fértil para la violencia. Un camino para evitar ser violento está en construir relaciones interpersonales sólidas y de buena calidad con nuestros familiares y amigos. La buena comunicación, el interesarse por lo que es más importante para el otro, la empatía, el asegurar suficiente tiempo para convivir, el dar oportunidad a todos de expresarse, el no hacer coaliciones en las familias (hacer subgrupos, dividiendo a la familia), el no ceder al deseo de tener uno o más consentidos y el reconocer, amar y aceptar a cada uno tal cual es, es un antídoto para evitar la violencia y otros fenómenos indeseables como las adicciones y los problemas de alimentación. La clave está en darle a cada uno un lugar importante, aunque las personalidades no hagan tanta química como quisiéramos.

Precisamente hay personas que tiene temperamentos más vulnerables a la violencia. Es importante conocer a cada uno de los hijos para poder ayudarle a identificar las principales tendencias de su temperamento para poder compensarlas mediante el desarrollo de una personalidad atractiva, interesante y virtuosa que supere los excesos o defectos del propio temperamento.

Por otro lado, cuando los padres se esfuerzan por no ser violentos, cuando ellos mismos, la mamá y el papá, juntos y cada uno por su lado, viven de manera armoniosa y pacífica, es más fácil que los hijos sean también pacíficos. La imitación influye en la educación de los miembros de la familia. Los adultos no deberían olvidar que durante toda la vida pueden ir convirtiéndose en mejores personas y que la educación es un proceso que no termina durante la vida, continuamente podemos educarnos, sacar lo mejor de nosotros mismos mediante la vivencia de los valores, desarrollando las virtudes.

Debe elegirse a los amigos. Nadie es perfecto, todos cometemos errores y tenemos defectos, estamos aprendiendo mientras recorremos la vida, pero es importante asegurar que no se reciben malas influencias de quienes nos rodean. Esto es particularmente importante en la pubertad, en la adolescencia y en la juventud, que son edades en las que la persona está formando su criterio y está llena de curiosidad y de ideales e idealizaciones. Muchas veces la adicción a las drogas, el alcoholismo o el inicio temprano de la vida sexual activa se vieron influenciados, entre otros factores, por las amistades.

¿Qué hacer con un hijo violento?

Si la violencia es querer conseguir las cosas por la fuerza y alterar lo que procede por naturaleza, es importante que el violento emprenda:

1. El desarrollo de otras habilidades, como la negociación, el sentido del humor, o el estudio y el trabajo, para conseguir lo que necesita. Es importante que sea crítico consigo mismo acerca de lo que le interesa para dirigir sus esfuerzos a lo que le conviene, a lo que es bueno para él, a lo que le va a hacer un bien en el corto y en el largo plazo. Los padres deberíamos aprender la habilidad de actuar oportunamente, ni antes ni después, para que el hijo no sienta que nos hemos adelantado a él, hay que esperar a que él tenga las iniciativas o ayudarle a despertarlas de manera que sea suyo el mérito, no del papá o de la mamá.

2. El desarrollo de la virtud mediante la vivencia de los valores. Lo que es propio de la naturaleza humana es buscar encarnar las virtudes, tender a todo aquello que enaltece a hombres y mujeres y que nos facilita la vida: la generosidad, la esperanza, la laboriosidad, la responsabilidad, la puntualidad, la sinceridad, la lealtad, la fidelidad, el amor.

En ocasiones, quien es violento no puede salir solo del problema. En el caso de los adolescentes, los padres pueden tomar algunas de las ideas que presentamos a continuación:

a) No debe permitirse que ningún miembro de la familia sea agredido ni verbal ni físicamente. Esto puede llevar a alejarse temporalmente del violento. Toda acción tiene una consecuencia.

b) Es conveniente poner límites. Normalmente los adolescentes están explorando y esperan que los adultos les fijen los límites, les indiquen hasta dónde pueden llegar, qué pueden decir o hacer, qué objetos tomar y qué hacer con ellos, entre otros límites. ¡Los padres no deben olvidar que los adultos son ellos, no sus adolescentes! Para que se respeten los límites debe haber una consecuencia clara cuando se traspasan y el violento puede llegar a perder privilegios (como usar el coche, ir al cine el próximo sábado, jugar en la computadora, entre otros).

c) La ayuda profesional de terapeutas, orientadores, educadores y otras personas con conocimientos atinados y experiencia suele ser imprescindible para resolver problemas de conducta fuertemente arraigados.

d) Trátelo con afecto y cariño, aunque también con firmeza.

e) No le facilite las cosas, no sea su cómplice.

f) Ayúdele a ver las consecuencias de sus acciones y palabras.

g) Hable con él, acompáñelo, no lo sermonee, escúchelo.

h) Perdónelo.

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viernes, 21 de enero de 2011

La economía familiar: verdades y consejos

Vivir, convivir y sobrevivir
Que los bienes son siempre escasos es una realidad evidente. Que, por tanto, deben ser administrados es una consecuencia lógica. Que además es bueno que así sea es una afirmación que puede parecer excesiva o incluso algo “sádica” para quien esté carente de fe y de un cierto olfato histórico.
Desde la historia es fácil observar que las culturas opulentas han coincidido con los máximos niveles de degradación humana y han tenido un final triste y traumático.
Por ello, administrar bien los recursos escasos, además de una necesidad en la mayoría de las familias, es una medida saludable para la persona y la familia, aunque no tengan límites materiales al consumo. La sobriedad es siempre una virtud, y una virtud natural al ser humano sin la cual la persona no madura correctamente.
Es necesario que todo matrimonio, a la hora de enfocar las “reglas de juego” en la administración de los recursos familiares, atienda a esta realidad contemplando determinadas necesidades de la familia:
En primer lugar, la familia, como cada persona y cada grupo, tiene que estar atenta a las necesidades presentes. Necesita comer, vestirse, educarse, pagar impuestos, cambiar la lavadora, etc. Creemos que la administración de los recursos necesarios a este fin requiere de la visión a corto plazo, maniobrabilidad, atención a los detalles y sensibilidad por el dinero.
En segundo lugar, la familia tiene que reservar parte de sus recursos para obtener una cierta seguridad en el futuro y para permitir grandes “inversiones”.
Escasos pero suficientes
Todos estaríamos dispuestos a afirmar que la administración correcta de los bienes es una faceta de los procesos educativos.
Algunos, además, caemos en la cuenta de que esta faceta de la educación no es sólo una más, sino que se erige en un buen campo de aplicación de otros aspectos más importantes en los procesos socializadores y educadores.
Un correcto planteamiento en este campo puede convertirse en catalizador de virtudes tan importantes como la generosidad, la sobriedad y la prudencia. Además es un magnífico “banco de pruebas” del ejercicio del binomio libertad-responsabilidad, que es, en definitiva, el fin instrumental de toda educación. Para que esto sea así hay que tener en cuenta los siguientes principios:
1. A los niños, a partir de cierta edad (no mucho más tarde de los ocho años), hay, que empezar a enseñarles a administrar dinero.
2. Hay que explicarles desde un principio que ese dinero tiene una triple finalidad: vivir, convivir y ahorrar.
Al principio es necesario «exigir» el ejercicio de la generosidad con los hermanos y el ahorro. Es bueno enseñarles que dediquen aproximadamente un tercio para cada cosa.
Con el tiempo el niño se lo va autoexigiendo. A determinadas edades (18-20 años) una forma de responsabilizarle consiste en encargarle de “la paga” de un hermano pequeño.
• “La paga” debe ser escasa pero suficiente, para fomentar la sobriedad y hacer del ahorro y la generosidad algo costoso.
Los padres deben «hacerse cargo», ya que lo que para ellos es una minucia, para su hijo pequeño puede ser excesivo dinero.

• Para educar en la planificación y la responsabilidad hay que evitar “extrapagas” o dar dinero al niño “a la carta”, es decir cuando lo pide para un fin concreto.
No se debe dar al niño dinero para salir hoy, o para el cine, sino darle puntualmente (normalmente cada semana) una cantidad para él.

• Los padres deben hacer un esfuerzo en tomar la iniciativa, acordarse de darlo cuando corresponde y sólo en ese momento. Esperar a que el niño lo pida es acostumbrarle a vivir bajo el lema “quien no llora no mama”.

• Por supuesto sólo uno de los padres da el dinero y el niño sabe desde un principio que no puede esperar nada del otro.
El matrimonio cara a los hijos debe ser un bloque indisoluble que actúa como tal, y no como “papá por un lado y mamá por el otro”. Lo contrario priva al niño de uno de sus bienes más preciados, la seguridad. Además se le acostumbra a manipular a sus padres para sacar provecho e intentar “tomar el pelo” a los dos.

• Ni se premia con dinero, ni se paga a los hijos. Cuando conviene premiar por algo, se hace a posteriori y mediante regalos, nunca con promesa-chantaje y con dinero.
Los servicios al padre y a la madre, o a la familia en general tampoco deben ser recompensados individualmente. Pagar al niño por regar el jardín, recoger la mesa o hacer la compra supone, por un lado, hacerle que se sienta alejado de las responsabilidades familiares y, por otro, enseñarle a actuar por razones egoístas. Los premios se hacen a destiempo, de forma gratuita, porque a papá y mamá les ha apetecido hoy hacerme un regalo.
De igual modo, cabría decir que la educación de un niño y la felicidad de una familia está fundamentalmente en la sensación de seguridad que sean capaces de proyectar los padres. Esa seguridad se consigue por la triple vía de tener un proyecto familiar y educativo, aunque sea equivocado, evitar la esquizofrenia entre valores transmitidos y valores vividos y finalmente, huir de la más mínima fuga al exterior de los problemas o desacuerdos matrimoniales.
Los requisitos primero y tercero sólo pueden apoyarse en dos actitudes básicas entre marido y mujer:
1. Máxima comunicación constructiva entre ellos. Decimos constructiva porque no es cierto que de “la discusión salga la luz”; de la discusión sólo sale el amor propio, la actitud defensiva y la ofensa.
Comunicación constructiva al final consiste en la encarnación de esas reglas de juego, ese reparto de papeles y ese diseño programático para un proyecto compartido: la familia.

2. Disciplina personal para no saltar a destiempo, bien delante de los hijos o ante extraños. En la trastienda se discute lo que se quiera, pero en el escenario uno dice y el otro, aunque le repugne, en ese caso concreto, tiene la misión de apoyar, de cubrir al que está actuando, por el bien de los hijos y por el bien del matrimonio.
Si los hijos necesitan tanto de seguridad como de la comida, los padres necesitan sentirse apoyados sin que en el exterior se vea su intimidad, su imagen o sus errores.

*Polaino, A. y Carreño, P. A. (1992). Matrimonio, economía y educación. En Polaino, A. y Carreño, P. A., " Familia: locura y sensatez ", (pp. 127-134). Madrid: Editorial AC.
Aquilino Polaino. Psiquiatra, vivirenfamilia.net, 2005,07-12 

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Homeschooling o Educación en casa

Por María Varela
Si bien es una práctica que se remonta en la antigüedad a las familias nobles que educaban a sus hijos con institutrices, en la actualidad, y por diversas razones, como la pandemia de gripe N1H1 que afectó a gran parte de los países del mundo, se comienza a escuchar el nombre de Educación en Casa o Homeschooling. Una alternativa para las familias que no pueden o no quieren que sus hijos ingresen al sistema educativo convencional e institucionalizado.
La educación en casa, es conocida bajo diversas acepciones como: educar en el hogar,  educación doméstica, escuela en casa, todas provienen del término inglés Homeschooling, creado por el educador americano John Holt en 1977, en su revista Growing Without Scooling.
Se trata de un sistema educativo no convencional  que enfoca la escolaridad desde una perspectiva hogareña.
Aquí son mayormente los padres o tutores los encargados de diseñar los planes de estudio de sus hijos, así como proveer las herramientas pedagógicas para ellos.  Las principales herramientas utilizadas en este sistema son bibliotecas públicas e Internet.
Quienes eligen esta metodología de enseñanza, argumentan diversas razones: desacuerdo con la filosofía educativa de las escuelas, libertad de horarios para la enseñanza, flexibilidad curricular en relación a los intereses personales de los padres o tutores. También es la opción de familias nómades o alojadas en zonas aisladas, que no pueden tener acceso a la educación formal.
La educación en casa o Homescooling  también parece ser una opción viable  para casos específicos como los trastornos TDA-HADH, más  conocido como atención dispersa e hiperactividad. En estos casos particulares, la educación convencional se hace dificultosa y requiere de una atención personalizada y trabajo interdisciplinario, adaptado a cada caso particular.
Marco legal en Argentina y el mundo
La práctica de Homescooling o Educación en Casa, no tiene un marco legal definido en muchos países. En Estados Unidos  por ejemplo es totalmente legal, de hecho, en la actualidad más de un millón de niños son escolarizados en sus hogares y según estadísticas, es una tendencia en pleno crecimiento.
En cambio, países como Alemania estas prácticas son penadas.
Actualmente Argentina no cuenta con un marco legal específico con respecto  a este tipo de educación. Por lo tanto, se realiza aún sin normativa alguna.
Los padres que elijen esta opción se amparan en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaración de los Derechos del Niño y por la Ley Federal de Educación.
Los educadores “domésticos” en Argentina, consideran otras razones que tienen bases regionales, por ejemplo, el temor a la violencia escolar, las condiciones edilicias deficientes de muchas instituciones educativas, los paros docentes y no docentes que modifican los calendarios oficiales.
En Argentina, se ha creado un grupo de Educación Personalizada,  a cargo de Julio Archet, que funciona como vía de  contacto entre padres, que se brindan apoyo e intercambian ideas e información.
Las objeciones
Si bien se ha demostrado que en muchos casos, sobre todo en Estados Unidos, los niños escolarizados en sus hogares han presentado niveles superiores a los escolarizados en escuelas públicas o privadas.
Se plantea una polémica acerca de la socialización de los niños bajo el sistema de educación hogareña.  El escaso contacto con los pares y superiores, es considerado como un obstáculo para  socialización.
En la Argentina, la licenciada en educación Myriam Feldfeber cuestiona fuertemente este modelo educativo. Según ella, quienes apoyan la educación en el hogar no creen en la posibilidad de aprender con otros, de confrontar ideas, de enfrentar lo diferente. “Tienen una perspectiva individualista, en la que cada uno se arregla como puede”.

Ante esta forma de educación recientemente popularizada, queda abierto el debate acerca de cuál es la mejor educación para los niños en edad de escolarización. Y será, en cada caso,  decisión de la familia elegir qué tipo de educación considera que es la mejor para sus hijos.
El debate queda abierto…

Autor: María Varela para Familia Sur Argentina

La Familia: su rol en la política y economía

*Prof. Michel Schooyans
Junto al tema del valor del hombre, la reflexión sobre su sociabilidad ha sido extensamente desarrollada por la filosofía contemporánea. Lo que constituye la comunidad humana es el hecho de que todos tenemos la asombrosa capacidad de ser autores unos de los otros. Ser autor significa que tenemos algo que aportar a los demás, algo que les enriquecerá y les hará crecer como personas –y al mismo tiempo, que todos tenemos una parte de nuestro ser que debe ser recibida de otros-.
Fijemos de nuevo nuestra atención sobre un caso concreto: la familia. Se trata de un valor específico en el que la sociabilidad humana se realiza de modo ejemplar. En efecto, es en la sociedad civil, y primordialmente en la familia, donde se forman las virtudes cívicas, las “costumbres” (moeurs según Tocqueville).
En una de sus obras más conocidas1, el economista Gary Becker muestra que la familia es el lugar primordial donde se forma el capital humano. Este tema ha sido objeto de un conjunto de estudios económicos que le valieron el Premio Nobel de Economía en 1992. También puso de relieve el papel fundamental de la madre en la formación de la personalidad del niño. Es, en efecto, en la familia donde el niño adquiere los conocimientos y virtudes que serán altamente apreciados en la sociedad: sentido del servicio, solidaridad, puntualidad, iniciativa, etc. Evidentemente, no se trataría de ver a la familia como un simple medio para la prosperidad económica. Debe rechazarse toda visión del capital humano que sea puramente utilitarista o reductora de la familia, para separarla claramente de lo que en realidad le otorga un valor incomparable.
Las conclusiones de Becker han sido confirmadas de modo completamente inesperado por una encuesta llevada a cabo por otro investigador francés. En un estudio sobre “lo adquirido y lo innato”, Michel Duyme mostró que la influencia de la familia de acogida, es determinante para el coeficiente intelectual de los niños adoptados2.
Paradójicamente, es estudiando la crisis actual de la familia cuando nos damos cuenta de su valor. Otro autor francés, Claude Martin, ha analizado recientemente lo que llama el “post-divorcio” (“l’après-divorce”) y el papel de la familia ante el riesgo de exclusión3. Martin constata que la familia se percibe como una riqueza, un “capital social”, una protección cercana, un lugar de solidaridad, e incluso un “lugar de supervivencia” –ante las carencias del Estado del Bienestar-. Precisamente, por un efecto boomerang, el Estado, queriendo ensalzar al individuo, fracasa en su acción contra la marginación, incluso incrementando él mismo los riesgos, al minar la institución familiar.
La familia es capaz de enfrentarse a problemas sociales que el Estado resuelve cada vez menos: rechazo, falta de inserción, exclusión, etc. A fuerza de reclamar al Derecho positivo que exalte los “nuevos derechos” individuales en detrimento de la institución familiar, es inevitable caer en una sociedad no solidaria, donde reine la anarquía, ganen los más fuertes, y se dé la exclusión de los más débiles.
De ello se deduce una conclusión incontestable: la familia es la célula de base de toda sociedad democrática en la medida en que en ella se conjugan la igualdad y la solidaridad. De ahí que los poderes públicos deban promover el valor de la familia, no sólo porque es un bien para los miembros que la componen, sino porque es un bien para la comunidad política y económica.
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NOTAS
Este texto ha sido extraído del artículo Democratie et Valeurs. Quelle stratégie dans une société pluraliste?, publicado en la página http://perso.infonie.fr/le.feu/
Michel Schooyans: autor de numerosos libros sobre temas de familia, organismos internacionales y demografía además es profesor Emérito de la Universidad de Lovaina, Bélgica.

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1. A Treatise on the Family, Cambridge MA, Harvard University Press, 1993 (1ª ed. 1981).
2. Le Monde del 1 de agosto de 1999.
3. Cf. Claude MARTIN, L'après divorce. Lien familial et vulnérabilité, Presses Universitaires de Rennes, 1997.


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Vacaciones en familia...¿ cómo las organizamos?

 

Ante un viaje familiar debes tener en cuenta múltiples situaciones. Para evitar tensiones y contratiempos, considera estos consejos, realiza una buena planificación y disfruta lo placentero que puede ser compartir un viaje con quienes más quieres...
1
Determina cuál será el destino en función de las preferencias familiares. Acuerda el destino del viaje con todos los integrantes y plantéalo en función de las edades e intereses tanto de los niños como de los adultos. Entiende que las vacaciones son para todos y que tanto los pequeños como los mayores, compartirán algunas experiencias y deberán tener la oportunidad de disfrutar de actividades relativas a su edad y preferencias. Destinos como la playa o el campo suelen ser la mejor opción.
2
Planifica con tiempo. Al planificar las vacaciones para toda la familia, organízate con tiempo para evitar inconvenientes de último momento. El proyecto es de todos, por lo tanto todos los integrantes deberán participar en la planificación. Prueba con reuniones familiares en las cuales se asignen tareas a cumplir y promueve la participación para que, gracias a todos, sean unas vacaciones inolvidables.
3
Fomenta una actitud positiva y solidaria. Siempre, pero más aún durante las vacaciones, los padres deben fomentar una actitud solidaria dentro del grupo familiar. De este modo todos podrán disfrutar. Reparte las tareas de modo equitativo pero no te preocupes en exceso ante posibles conflictos de convivencia, las vacaciones son para disfrutarlas. No intentes en una semana educar y enseñar a tus hijos si no lo has hecho durante todo el año.
4
Lista aquellos artículos que no debes olvidar. Ten en cuenta que al empacar existen ciertos elementos que son indispensables. Si bien mientras más pequeños son los niños, más cosas habrá que llevar, procura que sólo transporten aquello que vayan a usar y lleva sus juguetes favoritos, no una juguetería. No olvides llevar un botiquín médico, los teléfonos del pediatra, los datos del seguro médico y la documentación personal.
5
Elige el alojamiento adecuado. Si bien el hospedaje que renten dependerá del presupuesto con el que cuenten para tal fin, deberá ser un lugar adecuado para una estadía familiar. Opta por departamentos, casas o lugares en donde puedas cocinar, y procura que la cantidad de habitaciones, baños y espacios comunes sea acorde al número de miembros de tu familia.
6
Aprovecha las vacaciones para estimular la comunicación familiar. Las vacaciones son una gran oportunidad para compartir y fortalecer los vínculos familiares. Realiza actividades comunes y fomenta los momentos de ocio. La no sujeción a horarios ni obligaciones, proporcionará un ambiente distendido que favorecerá el diálogo.
Importante
 Procura que cada miembro disfrute de lo que más le gusta hacer encontrando su propio espacio de relax y que el conjunto pueda disfrutar de actividades compartidas.

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lunes, 17 de enero de 2011

Tecnica de liberacion emocional EFT, parte 2

Tecnica de liberacion emocional

CONSTELACIONES FAMILIARES

Constelaciones familiares

Bert Hellinger nació en 1925 en Alemania, y creó las constelaciones familiares en los años 70 y 80. Veamos esta interesante terapia sanadora que tiene como fundamento la presencia del movimiento del alma.

“El corazón de aquel que ha comprendido que lo presente está en resonancia con lo pasado, tanto en lo bueno como en lo malo, late en sintonía con el mundo”. Bert Hellinger.

Las constelaciones familiares realizan una función de ordenamiento de la energía del sistema familiar. Así es como definiría esta técnica, reestablece el orden familiar a través del amor.

Se trata de que a través del inconsciente estamos ligados a nuestros padres, y ellos a los suyos, etc. Si algo falló en nuestros abuelos, la energía queda bloqueada y no fluye, con lo que nosotros la vivimos también aunque no seamos conscientes.

La constelación familiar actualiza los desequilibrios ocultos existentes en nuestro árbol genealógico. Por ejemplo, si hay algún miembro de la familia que está olvidado o apartado porque los demás niegan su existencia, todo el sistema familiar sufre una presión enorme a nivel inconsciente.

Las muertes inexplicables, las normas de la familia transgredidas, la homosexualidad rechazada, los miedos profundos, los acosos sexuales sufridos, etc. de nuestros progenitores se trasladan y se transmiten a los descendientes hasta que de alguna forma no se resuelvan aceptando su existencia.

Las constelaciones familiares identifican el conflicto y lo sacan a la luz, con la consiguiente sanación.

La base está en que la familia es una unidad en sí misma. Si el sistema familiar tiene alguna parte desequilibrada, todas las partes quedan afectadas. Es la fuerte sensación de pertenencia a un grupo al que no puedes fallar; haces lo que sea para que sobrevivir y seguir perteneciendo al grupo.

En otras palabras, la conciencia y la psique se transmite de generación en generación. Existe una conciencia de clan. La liberación de la persona pasa por el reconocimiento de sus lazos ancestrales.

Las constelaciones familiares tienen que ver con la casa 4 en Astrología —la casa que está más abajo de la carta natal, en el fondo—, la cual habla sobre nuestras raíces familiares, nuestra base afectiva, nuestro inconsciente profundo. También tiene que ver con la compleja casa 12.

Como dice Bert Hellinger “No somos individuos separados, en el fondo estamos unidos. Es, sin duda, en ese nivel donde se produce una comunicación de alma a alma… El alma sobrepasa al individuo por mucho”.

Es el amor el sanador de todo el movimiento que reestablece el orden familiar, el contacto de alma a alma.

Realización de una constelación familiar

Expongo las palabras del mismo Bert Hellinger, el cual explica cómo se lleva a cabo una constelación familiar.

“Es un trabajo de grupo. Trabajo en público, en una gran sala. El constelado, aquella persona que quiere resolver un problema, acepta subirse a un escenario y yo voy a escenificar, literalmente, su problema introduciendo a su alrededor distintos personajes que representarán los miembros de su familia. Normalmente, suelen ser los padres, hermanos y hermanas… y el propio paciente. Escoge, entre el público, a las pesonas que van a encarnar a sus seres mñas cercanos.

Evidentemente, estas personas no saben nada del paciente ni de su familia. Después de atribuir los papeles, el paciente coloca, en el escenario, a cada uno en el lugar que le parece más justo. La persona que representa a la madre, por ejemplo, se coloca frente a la que representa al hijo y ésta, a su vez, da la espalda a la hermana. El paciente determina la orientación de sus miradas, las distancias entre ellos y lo hace de manera intuitiva. Después, se coloca en un lugar apartado y observa en silencio.

A través de la constelación, es fácil verificar, tanto sensorial como emocionalmente, que las personas escogidas para encarnar a los miembros de la familia del paciente se sienten realmente como sus representados. No saben por qué, pero les afecta. A veces, adoptan incluso de forma intuitiva la voz, el vocabulario, los gestos y los tics de los representados. ¡Y se trata de personas a las que nunva han conocido!

La construcción de esta primera constelación refleja cómo el paciente percibe la situación. El lugar que ocupan los vectores, sus reacciones, todo permite discernir los problemas en directo. Entonces, la persona que conduce una constelación consigue fácilmente sentir cuál sería el paso siguiente que resultaría definitivo.”

Es importante señalar que lo que actúa realmente no es el terapeuta, sino la realidad emergente de la situación que se representa.

Constelaciones familiares y psicogenealogía

Anne Ancelin Schützenberger introdujo la psicogenealogía o dimensión transgeneracional hace más de 30 años por el síndrome del aniversario, y la popularizó en Francia.

“No somos tan libres como creemos, pero tenemos la posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino familiar repetitivo de nuestra historia si comprendemos los complejos lazos que se han tejido en nuestra familia y descubrimos los dramas secretos, las palabras que nunca se dijeron y los duelos inacabados“.

Chantal Rialland es presidenta de la Asociación de psicoterapeutas en psicogenealogía. Transcribimos una de sus convicciones:

“El niño recibe los fantasmas de sus padres, pero también los de sus abuelos, tíos y tías. La familia proyectará en nosotros deseos corporales, sexuales, afectivos, intelectuales, etc.

Obviamente, esta proyección es totalmente insconsciente: de repente, el niño tiene que ser el encargado de recuperar los sueños perdidos, se le pide que triunfe donde otros han fracasado o que perpetúe los modelos estrella de la familia.”

www.sermasyo.es

viernes, 14 de enero de 2011

Cómo criar a los niños para que se opongan a la violencia: lo que usted puede hacer

Casi todos los días las noticias cuentan historias sobre niños que cometen actos de violencia, a menudo contra otros niños.
Las investigaciones indican que la conducta violenta o agresiva suele aprenderse a una edad temprana. Sin embargo, los padres, familiares y otras personas que cuidan niños pueden ayudarles a aprender cómo enfrentar sus emociones sin usar la violencia. Los padres y otras personas pueden también tomar medidas para reducir o minimizar la violencia.
Sugerencias para tratar con los niños
Los padres desempeñan un papel valioso para reducir la violencia al criar sus hijos en hogares seguros y llenos de afecto. Aquí presentamos algunas sugerencias que pueden resultar útiles. Es posible que no pueda seguir cada una exactamente, pero hacer todo lo que esté a su alcance supondrá una gran diferencia en las vidas de sus hijos.
Brinde a sus hijos amor y atención constantes
Cada niño necesita una relación fuerte y afectuosa con un padre u otro adulto para sentirse seguro y desarrollar un sentido de confianza. Hay menos probabilidad de que se desarrollen problemas de conducta y delincuencia en niños cuyos padres participan en sus vidas, en especial a una corta edad.
No es fácil demostrarle amor a un niño todo el tiempo. Puede resultar incluso más difícil si usted es joven, no tiene experiencia, su familia es monoparental, o si su hijo está enfermo o tiene necesidades especiales. Si su bebé parece sumamente difícil de cuidar y consolar, analice esto con su pediatra, con otro médico, un orientador familiar, un psicólogo o un proveedor de salud mental, quienes pueden darle consejos y recomendarle clases para padres en su localidad que enseñan formas positivas de lidiar con las dificultades en la crianza de los hijos.
Asegúrese de que sus hijos sean supervisados
Los niños dependen de sus padres y familiares para recibir aliento, protección y apoyo a medida que aprenden a pensar por sí mismos. Sin la supervisión adecuada, los niños no reciben la orientación que necesitan. Los estudios indican que los niños sin supervisión suelen tener problemas de conducta.
Insista en saber dónde están sus hijos en todo momento y quiénes son sus amigos. Cuando no pueda vigilar a sus hijos, pídale a una persona de confianza que los vigile por usted. Nunca deje a niños solos en la casa, aunque sea un breve período.
Anime a los niños en edad escolar y mayores a participar en actividades extracurriculares supervisadas como equipos deportivos, programas de tutoría o recreación organizada. Inscríbalos en programas comunitarios locales, en especial aquellos dirigidos por adultos cuyos valores usted respeta.
Acompañe a sus hijos a actividades de juego supervisadas y observe cómo se llevan con los demás. Enséñeles a sus hijos cómo responder adecuadamente cuando otros recurren a insultos o amenazas o lidian con el enojo dando golpes. Explíqueles que esas no son conductas adecuadas y anímelos a mantenerse alejados de los niños que se comportan así.
Muestre a sus hijos conductas adecuadas con su ejemplo
Los niños suelen aprender siguiendo un ejemplo. La conducta, valores y actitudes de los padres y hermanos tienen una gran influencia en los niños. Los valores de respeto, honestidad y orgullo de su familia y las tradiciones pueden ser fuentes importantes de fortaleza para los niños, en especial si se enfrentan con presiones negativas de otros niños de su edad, viven en una zona violenta o asisten a una escuela en una zona peligrosa.
La mayoría de los niños actúan agresivamente a veces y pueden golpear a otra persona. Sea firme con sus hijos con respecto a los posibles peligros que implica una conducta violenta. Recuerde también elogiar a sus hijos cuando resuelvan problemas en forma constructiva y sin recurrir a la violencia. Es más probable que los niños repitan las buenas conductas cuando son recompensados con atención y elogios.
Los padres alientan a veces conductas agresivas sin saberlo. Por ejemplo, algunos padres piensan que es bueno para un niño aprender a pelear. Enséñeles a sus hijos que es mejor solucionar las riñas hablando con calma, y no con puñetazos, amenazas o armas. Y más importante aún, no sea violento con ellos.
Sea consecuente con las reglas y disciplina
Cuando establezca una regla, aténgase a ella. Los niños necesitan una estructura con expectativas claras para su conducta. Establecer reglas y luego no hacerlas cumplir resulta confuso, esto puede suscitar que los niños se salgan con la suya.
Para establecer las reglas, los padres deben hacer participar a los niños siempre que sea posible. Explíqueles qué espera y cuáles son las consecuencias de no seguir las reglas. Esto los ayudará a aprender a comportarse de un modo que sea beneficioso para ellos y para quienes los rodean.
Mantenga la violencia lejos de su hogar
La violencia en el hogar puede causar miedo y ser dañina para los niños. Los niños necesitan un hogar seguro y lleno de afecto donde no tengan que crecer con miedo. Un niño que ha visto violencia en su hogar no siempre se vuelve violento, pero hay más probabilidad de que trate de resolver los conflictos a través de la violencia.
Procure que su hogar sea un lugar seguro y no violento, y siempre desanime el comportamiento violento entre hermanos. Tenga en cuenta también que las discusiones hostiles y agresivas entre los padres asustan a los niños y les dan un mal ejemplo.
Si hay situaciones de abuso o lesión física o verbal entre personas en su hogar, obtenga ayuda de un psicólogo u otro tipo de proveedor de salud mental. Este profesional lo ayudará a usted y a su familia a entender por qué se produce la violencia doméstica y cómo detenerla.
Procure que sus hijos no vean demasiada violencia en los medios de comunicación
Un informe publicado a comienzos de este mes confirmó nuevamente que ver demasiada violencia en televisión, en las películas y en los videojuegos puede tener un efecto negativo en los niños. Usted como padre, puede controlar la cantidad de violencia que sus hijos ven en los medios de comunicación.
Estas son algunas ideas:
  • Limite el tiempo de ver televisión de 1 a 2 horas por día.
  • Asegúrese de saber qué programas de televisión miran sus hijos, qué películas ven y a qué tipos de videojuegos juegan.
  • Hable con sus hijos sobre la violencia que ven en los programas de televisión, en las películas y en los videojuegos.
  • Ayúdelos a entender cuán doloroso sería en la vida real y las graves consecuencias de las conductas violentas.
  • Analice con ellos maneras de resolver problemas sin recurrir a la violencia.
Ayude a sus hijos a oponerse a la violencia
Apoye a sus hijos a oponerse a la violencia. Enséñeles a responder con palabras firmes pero manteniendo la calma cuando otros insultan, amenazan o golpean a otra persona. Ayúdelos a entender que se necesita más coraje y liderazgo para oponerse a la violencia que para secundarla.
Ayude a sus hijos a aceptar y llevarse bien con otras personas de diversas razas y origen étnico. Enséñeles que criticar a las personas porque son diferentes es algo hiriente y que insultar es inaceptable. Asegúrese de que entiendan que usar palabras para comenzar o alentar la violencia, o aceptar silenciosamente una conducta violenta, es dañino. Advierta a sus hijos que las amenazas y los actos de intimidación pueden derivar en violencia. 

familiasur.org

Papá y Mamá: ¡Cada uno aporta lo suyo!

Para introducir esta idea, tomo prestado del libro de Juan Manuel Burgos, "Antropología: una guía para la existencia", Editado por la editorial Palabra, el siguiente ejemplo gráfico:
Cuando un niño se sube a un tobogán en un parque, la madre puede empezar a gritar "bájate inmediatamente de ahí" porque su sensibilidad ante el peligro le lleva a activar su instinto de protección.
El padre, por el contrario, puede animar al niño a deslizarse por el tobogán llegando incluso a enseñarle (con escándalo de la madre) modalidades más arriesgadas de la convencional pero también con un objetivo amoroso, aunque distinto: que desarrolle sus músculos y su personalidad y sea fuerte y ágil.
Es el mismo amor que se manifiesta en dos modalidades distintas y complementarias.
Cualquier ejemplo puede presentar sus limitaciones pero el que se ofrece arroja pistas suficientes para centrar lo expuesto en el artículo anterior. Los padres no sólo tienen que dar cariño a sus hijos.
Los hijos necesitan agarraderas psicológicas para su adecuada maduración. Y estas agarraderas las ofrecen, de manera diferenciada, la figura paterna y la figura materna.
Y aunque estos papeles no sean excluyentes el uno del otro –en el ejemplo propuesto bien podría ocurrir la situación contraria e intercambiar los roles– es claro que esa diferenciación específica entre hombre y mujer va más allá de la necesaria complementariedad entre las personas de distinto sexo.
Me atrevería a decir que hombre y mujer no sólo se complementan –desde la igualdad y la diferencia– para crear un proyecto de vida común, sino que ésta se hace efectiva, primordialmente, en la educación de los hijos que se puedan tener.
Estos argumentos se podrían desarrollar hasta el infinito.
Pero quizás la mejor manera de hacerlo consista en entrar a explicar, de la mejor manera posible y aunque deje un sinfin de otros asuntos sin incluir, cuál es esa diferencia específica que aporta una madre y cuál sea la que aporte un padre.
Una madre representa el principio de seguridad.
Un padre representa el principio de realidad. 

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La fidelidad en la pareja

“Me voy a divorciar”. “Si sabes contar, no cuentes conmigo”. “A mí no me comprometas”, etcétera. Todas estas frases y otras que se han hecho muy populares en los últimos años, son una manifestación del desconocimiento que existe hoy en día de lo que significa el compromiso, y más aún, ofrecer la palabra.
Basta ojear una revista o periódico de espectáculos para suponer que la infidelidad está de moda. Y es que por lo general, un buen número de sus páginas las dedican a “el infiel” o “la infiel” en turno. Son abundantes las notas sobre divorcios e infidelidades matrimoniales de gente famosa que se publican hoy en día en los medios de comunicación.
Te mostramos los ballets más conocidos y que a lo largo de los años han impactado a la cultura universal. De ahí que vayan en aumento los matrimonios que contraen nupcias con la idea de “mientras nos funcione”. 
La realidad es que en estos tiempos muchos tienen la idea equivocada de que no se puede comprometer el mañana sin saber lo que sucederá en el futuro. Y esta mentalidad superficial, y sin apego al compromiso, es la misma que reclama y promueve por todos lados la posibilidad de romper cualquier obligación contraída cuando las circunstancias lo ameriten.
Por eso urge reflexionar en la virtud de la fidelidad. En lo que representa para nuestra vida, y cómo podemos recuperarla.
La fidelidad puede definirse como la decisión voluntaria y absoluta de una persona a una causa; cuando uno se consagra en cuerpo y alma a una empresa y obra firmemente a su servicio.
Karol Wojtyla escribió que “el amor que no es para siempre, no es amor”. De ahí que la fidelidad no es un sentimiento efímero o pasajero, sino una actitud que emana de la conciencia.
Los seres humanos estamos dotados de la inteligencia y la voluntad que nos dan la capacidad de superar cualquier capricho, egoísmo o vanidad que se nos presente. Ser fiel a alguien o a algo significa poner toda la voluntad para enamorarse apasionadamente de aquel o de aquello.
Conocí a un matrimonio que con 10 años de casados sufrieron una tragedia: la esposa enfermó de una profunda depresión. Por años, el esposo, además de realizar su trabajo, se hizo cargo de las labores de su esposa. Este señor fue padre y madre a la vez durante largo tiempo.
Me contó que en alguna ocasión unos amigos lo invitaron a “echarse una cana al aire” e irse de juerga una noche. A lo que él les respondió. “Yo no me casé para ser fiel por un tiempo, o mientras mi esposa estuviera sana, me casé para ser fiel toda la vida, en la salud y en la enfermedad”.
El caso es que todos los testimonios o lecciones sobre fidelidad que conozco tienen un común denominador: voluntad, esfuerzo y sacrificio.
Estimado lector, si eres una persona capaz de querer a quienes comparten tu vida, de querer tu hogar, tu trabajo, tus sueños y proyectos. Si haz sabido rehacer tu amor cuando éste pareció haberse esfumado o debilitado, y aprendiste a perdonar y a comprender… si vives así, no sólo eres feliz y haces felices a los que te rodean, sino también estás poniendo tu grano de arena para que la fidelidad se contagie, y la infidelidad nunca llegue a estar de moda.
Dimensiones de la fidelidad: lograr ser fiel a los compromisos de vida en cuatro pasos
1. La búsqueda. La fidelidad necesita de un impulso para seguir luchando. Saber que podemos ir “más allá” de nuestros egoísmos y comodidades y que hay valores que trascienden la propia vida.
2. La aceptación. Abrir el corazón a esos ideales, quizá difíciles y costosos, pero alcanzables. ¿Qué ideal se hace realidad sin sacrificio?
3. La coherencia. Vivir de acuerdo con lo que se cree y con lo que se es. El casado que viva como casado, el sacerdote como sacerdote, etcétera. No limitarnos al discurso, sino a llevar la fidelidad a la práctica. Esto se logra cuando no vivimos midiendo si nos conviene o no mantener nuestra palabra, sino que simplemente somos fieles a lo que nos hemos comprometido.
4. La voluntad. No confundir amor con sentimientos. La alternativa de un hombre o una mujer fiel no es la deserción y el abandono. Está equivocado el que piensa que porque “ya no siente cariño” la vida matrimonial carece de significado. Ahí es la hora crucial de la lealtad. El argumento debe ser al contrario: porque soy esposo y padre de cuatro hijos, aunque ya no siento la emoción de antes, voy a poner toda mi voluntad y medios a mi alcance para reconstruir ese amor con la mujer que también entregó su vida por mí.
El caso es que la fidelidad es una virtud esencial, pues nos lleva a comprometernos y responsabilizarnos de todas nuestras acciones y deberes en la vida.
Ser fiel a la patria, a la Iglesia, al cónyuge, a los hijos, a la amistad, a la vocación personal, al trabajo, en fin, a tantas cosas, es amar, es poner el corazón –la voluntad– en esas realidades y valorarlas por encima de egoísmos o sentimientos efímeros que jamás nos llevarán a la felicidad plena.
Urge comprender su importancia y encontrar la fórmula que nos permita revalorar esta virtud esencial y llevarla a la práctica. ¿La infidelidad está de moda? De nosotros depende que no lo esté.

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La reciprocidad y el cuidado como base de la pareja

¿Por qué alguien puede llegar a odiar a alguien a quien se supone que amó? En algún tramo de este tremendo cambio debe de haber engaños y mentiras. Desde el principio, puede ser que nunca se amó y que la pasión y el deseo se confundieron con amor. O puede que se trate de una enorme decepción por una gran humillación.
Tal vez la respuesta puede estar del lado de la indiferencia, de no dar importancia, de no atender las necesidades psicológicas, físicas, morales y espirituales
El amor romántico tiene tres elementos básicos que son: la protección, el cuidado y el sexo y que cuando falla o desaparece alguno de estos elementos lo que queda no es precisamente amor, exceptuando el caso de las altas edades o en la senectud, en que por razones obvias lo más importante resulta ya, la protección y el cuidado en las parejas.
Entonces, no es sólo la atracción lo que mantiene juntas a las parejas, sino que el cuidado mutuo también juega un papel. Tal cuidado emocional puede operar en cualquier relación.
El cuidado emocional en una pareja romántica aparece de dos modos principales: proveyendo una base segura en donde cada integrante pueda sentirse protegido, y ofreciendo un refugio seguro en donde cada integrante pueda enfrentarse al mundo.
Idealmente ambos integrantes deberían ser capaces de alternar fluidamente de uno a otro rol, proveyendo refugio o recibiéndolo, de acuerdo a las necesidades.
Tal reciprocidad marca una relación saludable.
Nosotros suministramos una base segura siempre que vamos al rescate emocional de nuestra pareja, ayudando a resolver un problema angustiante, otorgando calma o sencillamente estando presente y escuchando.
Una vez que sentimos que una relación nos ofrece una base segura, nuestras energías están más libres para enfrentar desafíos.
Un sentido de seguridad mayor parece liberar una abundante dosis de atención y energía frente a las necesidades ajenas.
La gente segura es más propensa que otras a ocuparse activamente del cuidado de sus relaciones, ya sean las madres ayudando a sus hijos, la pareja romántica ofreciendo apoyo emocional a su compañero que se siente en dificultades, el cuidar de parientes ancianos, o el ayudar a un  desconocido necesitado.
El cuidado fluye más plenamente cuando nos sentimos seguros, en posesión de un fundamento estable que nos permite sentir empatía sin sentirnos desbordados.
El saberse cuidado nos libera para cuidar a los demás, y cuando no nos sentimos cuidados, no podemos cuidar bien a otros.
Hoy en día, la neurociencia argumenta que cuando una necesidad primaria no es satisfecha, digamos el contacto sexual o el cuidado del otro, entramos en un estado constante de insatisfacción, que puede manifestarse sutilmente como una vaga frustración, o visiblemente, como un rencor continuo.
Estas necesidades primarias, cuando se ven frustradas, se infectan. La señal de tales descontentos neurológicos son los primeros síntomas de una relación en peligro.

Por: Jorge Madrigal Fritsch. (familiasur.org)
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