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martes, 26 de julio de 2011

Relación padres e hijos

Genoveva Navarro

Es fácil escuchar padres diciendo: mi hijo tiene problemas de comportamiento, mi hijo tiene fracaso escolar, mi hijo es hiperactivo, mi hijo tiene problemas con la escritura, mi hijo tiene problemas con la comida, mi hijo es asmático, mi hijo… Y ustedes señores padres, ¿gozan de salud psíquica?

En la educación y desarrollo de los hijos no sólo intervienen los padres, sino también profesores, educadores y familiares allegados que tienen peso y decisión en la producción de cualquier situación vital. Es decir son personas implicadas tanto en la producción como en la curación de síntomas.

Por el lado de la familia, desde la experiencia clínica, el psicoanálisis enseña que los trastornos que aparecen en el desarrollo educativo del niño, guardan una relación cercana a padecimientos neuróticos en uno o dos de los padres. El tema de las neurosis actúa en los problemas del aprendizaje, en las dificultades para aceptar el crecimiento, el fracaso escolar, los conflictos generacionales o las crisis familiares. Para contribuir a que un hijo crezca mentalmente sano y no nervioso, se exige de los padres que gocen de salud mental, también que tengan conocimientos sobre las fases del desarrollo infantil, formas de aprendizaje y que estén dispuestos a cambios de creencias, formas de relacionarse. De esta forma se evitaría los castigos de algunas manifestaciones que son constitucionales, pero que de ser sometidos a una represión violenta tales conductas no garantiza su desaparición ( complejo de edipo, el narcisismo, las disposiciones perversas, el erotismo anal…)

Por el lado de los profesores y teniendo en cuenta el nivel de deseos inconscientes, hay que pensar que lugar ocupa el educador en su relación con los alumnos y que lugar ocupan los alumno en relación al educador.

Un buen educador, es aquél que sabe transmitir pero también es aquél que sabe escuchar. El profesor, debería entender y tolerar los deseos efectivos que sobre él se generan. Un alumno que habla y molesta, puede ser un modo de exhibición para reclamar a gritos ser amado, ya sea por el profesor o por el resto de sus compañeros de clase. Porque detrás de la imagen, siempre hay algo inconsciente que habla y el profesor, tiene que aprender a escuchar estos procesos.

En cualquier caso, además de que padres, familiares…tenga influencia sobre el desarrollo del niño, el propio niño es un sujeto, también le suceden cosas y tiene su propia realidad. Por esas razones, el niño tendría que recibir tratamiento.

familiasur.org

Argentina, pais con más habito de comer en familia

A pesar de la gran comodidad a la que nos acostumbró la aparición del delivery, la Argentina es el país que aún más disfruta del aroma a comida recién preparada en casa.

Una encuesta mundial presentada ayer asegura que siete de cada diez argentinos preparan comida casera más de seis veces por semana, lo que deja atrás a Europa, los Estados Unidos y el resto de América latina. Lo mismo ocurre con la frecuencia con la que padres e hijos comparten la mesa: el 95% de las comidas del día se disfrutan alrededor de la mesa hogareña.

Una revisión de estudios publicados realizada antes de la encuesta, que luego se utilizó justamente para validar sus resultados, confirmó que comer en familia fomenta la alimentación saludable porque aumenta un 45% la posibilidad de que los chicos ingieran por día los 400 gramos de frutas y verduras que, como mínimo, recomienda la Organización Mundial de la Salud.

"Empíricamente, y sin conocer cifras, podríamos afirmar que el valor que le damos aquí a la comida en familia, con amigos o al asado de los domingos, es muy alto. Esta encuesta muestra que la valorización, la frecuencia y la duración de nuestras comidas semanales en familia son mayores que en otros países del mundo", opinó la doctora María del Carmen Hiebra, jefa del Servicio de Adolescencia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

En una sala dentro del Jardín Japonés, al término de la presentación del llamado "Estudio global sobre la importancia de comer en familia", la doctora Hiebra señaló a LA NACION: "No cabe duda de que, en cuanto a la salud física, (los adultos) nos tenemos que ocupar de qué comen los chicos, si respetan la variedad adecuada de alimentos y si reciben los nutrientes adecuados, lo que es un problema importante en la Argentina, donde muchas familias están viviendo bajo el índice de pobreza y de indigencia".

El relevamiento incluyó 3500 entrevistas a mayores de 18 años en Estados Unidos, Canadá, México, Francia, Alemania, Rusia y la Argentina, entre junio y julio últimos. Pero la encuesta fue la segunda etapa del estudio realizado por la empresa Knorr.

Palabras que alimentan

Para la primera parte se convocó a seis especialistas en nutrición, pediatría, prevención de enfermedades, salud mental y epidemiología de centros de investigación de universidades estadounidenses, como Harvard, Minnesota y Michigan, entre otras.

Entre los beneficios de compartir la mesa familiar, los investigadores hallaron datos tan sorprendentes como que los chicos mejoran el vocabulario y el rendimiento en la escuela.

Esos datos surgieron de un estudio realizado en la Escuela de Ciencias de la Educación de la Universidad de Harvard, cuya hipótesis inicial era que los chicos que mejor aprenden a leer son aquellos a los que los padres les leen desde muy pequeños. Sin embargo, los autores del estudio descubrieron que los chicos que comían en familia tenían un vocabulario mayor.

Según publicó la revista Journal of Child Language , por cada 2000 palabras nuevas que adquiere un chico en edad preescolar, la mitad las escuchan por primera vez en la mesa familiar y apenas 64, de la lectura.

"Son las pequeñas historias que los padres o los abuelos comparten con los chicos mientras comen lo que los ayuda a construir su vocabulario. Y éstos son niños que aprenden a leer más rápido y mejor", comentó durante la presentación Miriam Weinstein, periodista estadounidense y autora del libro The surprising power of family meals (El sorprendente poder de la comida en familia).

Otro estudio, del Centro Nacional de Adicciones y Abuso de Sustancias de los Estados Unidos, demostró en 2005 que los adolescentes que comen en familia 5 o más veces por semana duplican la probabilidad de sacar mejores calificaciones que los que comparten la mesa familiar apenas una o dos veces semanales.

Pero comer en familia también promueve el consumo de una alimentación más equilibrada: grandes y chicos consumen más frutas y verduras, además de menos frituras, grasas saturadas y trans, que afectan la salud cardiovascular. Además, previene los trastornos alimentarios, los problemas de conducta y desalienta el abuso del alcohol y las drogas.

Por otra parte, la encuesta reveló que al 80% de los argentinos le gustaría poder comer en familia diariamente (a diferencia del 67% de la población en el resto de los países), mientras que el 70% afirma que los chicos adquieren así hábitos saludables de alimentación y el 60% considera que disminuye el riesgo de trastornos alimentarios.

"Si sólo pensamos en salud como ausencia de enfermedad, estaríamos teniendo una mirada muy pobre. Comer en familia fomenta la educación, la participación en la comunidad y la posibilidad de desarrollar proyectos que brindan bienestar. Esto también es salud. Ahora, ¿cuántos de nosotros tenemos buena salud realmente…?", se preguntó Hiebra.

Principales beneficios

  • Las comidas familiares en la rutina de los niños previenen conductas futuras de riesgo.

  • Los hábitos saludables aprendidos en la mesa hogareña durante la niñez tienden a permanecer en la memoria adulta.

  • Los adolescentes que comen en familia sobrellevan mejor las tensiones de esa etapa de la vida y tienen menos riesgo de desarrollar trastornos alimentarios. Comer en familia hace que los chicos aumenten sus capacidades lingüísticas y rindan más en la escuela.

  • Cocinar de manera saludable y rápida reduce la dependencia de alimentos no tan sanos y el hábito de comer fuera del hogar, lo que previene el aumento de peso.

  • Compartir la mesa familiar promueve un mayor consumo de frutas y verduras


lanacion.com

jueves, 14 de julio de 2011

Educar para el amor

Norma Mendoza
La sorpresiva respuesta deja a la señora muda por varios minutos. Después se escucha la voz del experto en Pedagogía que prosigue: –Pues sí señora, la tarea educativa de los padres comienza desde que el niño nace–. Ella, un poco dudosa, vuelve a preguntar: –Bueno, bueno, ya que según usted he desperdiciado ese tiempo, dígame por favor, ¿qué es lo primero que debo enseñar a mi hijo?, no me explique toda la educación en general, concrétese a decirme ¿con qué empiezo?
La respuesta surgió espontánea y clara: “Enséñelo a amar”.
–Pero doctor, ¿cómo le explico al recién nacido que debe amar a la gente que lo rodea?
–No le explique nada, solamente ámelo usted, y mucho–, contesta el experto.
–Pero si desde luego que ya lo amo.
–No lo dudo, pero una cosa es que usted lo ame y otra que él se sienta amado. Para el niño, sentirse amado y respetado es tan indispensable como estar bien alimentado, por eso son de vital importancia los momentos que sus padres pasan con él cargándolo y apapachándolo; en fin, sentirse amado, para el niño es una necesidad real.
–Y ¿está seguro que así aprenderá a amar?
–Claro, el aprender a amar es cosa natural, instintiva, y el niño demuestra que aprendió a amar cuando, de bebé por ejemplo, recarga su cabeza en el hombro de su mamá o de su papá y se relaja totalmente; eso no lo hace con una persona extraña…
Es necesario reconocer que existe una importante interacción entre los factores genéticos, psicológicos y sexuales en cuanto al sexo, pero la sexualidad debe ser incluida en un serio compromiso de educación que recae esencialmente en la madre y el padre, y que se llama: educación de la afectividad.
Los padres enseñarán, mediante el ejemplo, la importancia del amor en las relaciones sexuales. Saben que puede haber un matrimonio sin amor, como también amor sin matrimonio, porque en el fondo no es el amor pasajero la causa que produce un matrimonio, sino que es el acto libre de la voluntad –que se emite en el consentimiento– el que da origen al vínculo matrimonial.
Sin embargo, sólo es el amor el auténtico motivo por el que alguien contrae matrimonio. El tipo de amor conyugal se llama amor esponsal y se desarrolla a partir de la atracción física-impulso sexual, y finalmente se concreta en la responsabilidad hacia la persona del otro cónyuge.
El amor entre las personas ha de ser abarcante, es decir, ha de conjuntar un ‘todo interpersonal’ fundado en la mutua integración. Por el contrario, la concupiscencia busca la satisfacción en el cuerpo y en el sexo por medio del deleite.
La educación de los padres hacia los hijos en materia de sexualidad ha de consistir en que, previniendo equívocos y difusas concepciones reductivas, conduzca al descubrimiento o redescubrimiento de los valores de la sexualidad y de una correcta escala de valores en la vida humana.
Cualquier otra elección que excluya tales vías, o todavía peor, que implique un ulterior impulso a la promiscuidad sexual y/o al uso de drogas, es cualquier cosa menos prevención o educación, y presentarla como tal supone un trágico engaño.
Un ejemplo típico de tergiversación es el de todas las campañas que prometen la victoria sobre el SIDA, sólo con que se alcance a generalizar el uso del preservativo. Se llega así a favorecer aquella promiscuidad sexual que es la causa primera de la epidemia.
Se ha visto mucha gente distinta vulnerada por la trivialización del sexo. Generalmente las culturas han distinguido siempre entre el sexo irresponsable y el sexo protegido con el matrimonio, a favor de la familia.
La responsabilidad mutua de uno a otro comprende el cuidado de un “bien verdadero”, la quintaesencia del amor. Un amor que rehúse esa responsabilidad será su propia negación, será más bien egoísmo.
El matrimonio ante los hijos debe ser visto como algo precioso, algo que conduce a la unión y a la felicidad, a la realización de la persona. Los padres deben dar ejemplo a los hijos no sólo de ‘existir uno al lado del otro’, o simplemente ‘juntos’, sino de que existen recíprocamente “el uno para el otro”.
La antropóloga S. Frayser explica que el comportamiento del padre complementa al de la madre; el niño observa a su padre y puede ver qué debe hacer para ser un hombre; puede observar a su madre y ver lo que no debe hacer para ser un hombre.
La importancia que tienen los contrastes entre los papeles del sexo y la especificación de la identidad del sexo, pueden ser pistas para la importancia psicológica que tiene la diferenciación sexual en todas las sociedades.
Las niñas que cuentan con su padre y él está involucrado en su desarrollo, son más propensas a elegir para sí mismas buenos pretendientes y después esposos, porque tienen una norma apropiada por medio de la cual juzgar a los candidatos.
Es sumamente importante que los padres estén seguros de su fe en Dios y mantengan una permanente disposición abierta al diálogo sobre cualquier asunto delicado, por ejemplo, sobre sexualidad.
Cuando no ha habido un desarrollo correcto de la intimidad en familia, cuando los niños han sido dejados en guarderías y los padres no han tenido el tiempo suficiente para compartir con ellos cada logro y cada fracaso, la vida para el joven aparece entonces como un pozo en el que ha sido arrojado y del que no puede salir. Es una vida sin esperanza, llena de tedio y abocada a la náusea.
Surge entonces un deseo, por ejemplo en la adolescencia, de escapar de esa insufrible cárcel interior. La fuga o evasión más radical es el suicidio, pero hay otras muchas: el sexo, el activismo, modas novedad, cambio, distracción, diversión como fin, la droga, el alcohol.
Ciertamente, al adolescente hay que prepararlo en su preadolescencia y en su niñez. Un joven, al cual le pregunté si sus padres le habían explicado sobre la sexualidad humana, me dijo: –Si, pero lo hicieron tarde–. Esta experiencia, por desgracia, se repite con frecuencia; hay que hablar con claridad en el tiempo apropiado.
Hoy en día se ha generalizado la “educación de la sexualidad” o “educación sexual”; sin embargo, esta denominación puede inducir a algunas personas a olvidar que lo sexual está ligado a la educación de la afectividad, que es donde cobra una dimensión verdaderamente humana.
Se nos quiere ofrecer una imagen como algo puramente biológico, que se debe dejar manifestar con espontaneidad, y es cierto que la sexualidad es algo natural a la persona, como lo son otras cuestiones fisiológicas, porque la persona humana es sexuada. Pero lo que no se puede permitir es reducir el amor a sexo, a relaciones puramente genitales, manejar el cuerpo en función solamente del erotismo.
Por eso, es más adecuado hablar de información sexual y de educación de la voluntad como elementos de una adecuada maduración afectiva de la persona, que incluye la maduración de los sentimientos y el encauzamiento de las pasiones.
En definitiva, si queremos que la información sexual sea realmente educativa, informar no se puede reducir a proporcionar una explicación científica de los cambios psicofísicos que se producen en la pubertad, sino que deberemos darle a todo el proceso la dimensión espiritual y trascendente que posee.
Recordemos a los padres: la disposición al diálogo es muy importante. Pregunta: ¿Hay alguna cosa peor que encontrar un gusano en la manzana que estás comiendo? Sí, hay algo peor: encontrar dos gusanos.
De la misma manera: ¿Hay alguna cosa peor que tus hijos te pregunten detalles acerca de la sexualidad? Sí, hay algo peor… que NO TE PREGUNTEN NADA, porque entonces quedará en claro que ni su confianza te has podido ganar.
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